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viernes, 10 de julio de 2020

Mate

Hola chicos y chicas!!!! Les compartimos, en esta tarde de pochoclos, un corto riquísimo, realizado de manera colaborativa con artistas de  Bolivia, Paraguay, Chile, Uruguay, Brasil y Argentina. 
¿Están listos y listas? Pónganse cómodos y cómodas que ya está por comenzar...


MATE ? from Buda on Vimeo.

El mate nos hermana con nuestros países vecinos… un ritual único, lleno de amor, que teje lazos…
Hoy, la ronda del mate se transformó, cada uno con su bombilla y con su mate a través del reflejo de una pantalla…

¿Toman mate? ¿Cómo les gusta?
¿Quieren conocer la leyenda del origen de la yerba mate? Los invitamos a leerla haciendo click aquí.

Cariños, 
Jazmín y Vanina

viernes, 12 de junio de 2020

La leyenda del origen de la Yerba Mate

Hola chicos y chicas!!!! ¿Cómo están?

¿Toman mate? ¿Cuál es el secreto que tienen para que les quede riquísimo? 

Hoy, debido al Covid, no podemos compartir la bombilla, sin embargo las rondas de mate las podemos hacer si cada uno tiene su propio mate, su propia bombilla y se higieniza bien las manos quien ceba...

Hablar de mate me dieron ganas de conocer la leyenda del origen de la Yerba Mate, ¿la leemos?


Cuenta una vieja leyenda guaraní  que Yasí,  la diosa luna, hace muchísimo tiempo quiso conocer la tierra y ver con sus propios ojos todas las maravillas que apenas podía ver entre la espesura de la selva, allá abajo. Un día con su amiga, Araí, la diosa nube, bajaron a la tierra en la forma de dos jóvenes hermosas. Cansadas de recorrer todo y maravillarse, buscaron un lugar donde descansar. Vieron una cabaña entre los árboles. Cuando se dirigían hacia ella para pedir donde dormir, descubrieron, agazapado, un yaguareté acechándolas en una roca cercana. Súbitamente, saltó sobre ellas con las zarpas listas. Al momento, se oyó un silbido. El yaguareté cayó atravesado por una flecha, herido de muerte. El salvador era un cazador que al ver a las jovencitas indefensas, se compadeció y también les ofreció la hospitalidad de su casa. Las muchachas aceptaron y lo siguieron, hasta la cabaña que habían visto antes. Al entrar el hombre les presentó a su esposa y a su joven hija, la que, sin pensarlo dos veces, les ofreció, una rica tortita de maíz, su único y último alimento. Cuando  las mujeres se iban a buscar el mejor sitio para las visitas, el cazador les contó que decidieron vivir solos en el monte,  alejados de su tribu, para salvar y conservar  las virtudes, regalo de Tupá, que tenía su bonita y bondadosa hija, un tesoro para ellos. Pasaron la noche y a la mañana siguiente, Yasí y Araí agradecieron sinceramente a la familia su hospitalidad y se alejaron.

Una vez en el cielo, Yasí, no pudo olvidar su aventura en la tierra. Cada noche que veía al cazador y a su familia, recordaba su valentía y generosidad. Sabiendo de su sacrificio filial, decidió premiar a su salvador con un valioso regalo para él, y para el tesoro que tanto cuidaban: la hija. Cierta noche, Yasí  recorrió los alrededores sembrando unas semillas mágicas. A la mañana, ya han nacido y crecido unos árboles de hojas color verde oscuro con  pequeñas flores blancas. El hombre y su familia, al levantarse,  contemplaban asombrados estas plantas desconocidas que aparecieron durante la noche. De repente, un punto brillante del cielo descendió hacia ellos con suavidad. Reconocieron a la doncella que durmió en su casa.

—Soy Yasí, la diosa Luna —les dijo—. He venido a traerles un presente como recompensa de vuestra generosidad. Esta planta, que llamarán “caá”, nunca permitirá que se sientan solos  y será para todos los hombres, un especial símbolo de amistad. También he determinado que sea vuestra hija la dueña de la planta, por lo que, a partir de ahora, ella vivirá por siempre y nunca perderá su bondad, inocencia y belleza-. Después de mostrarles la manera correcta de secar las hojas, Yasí preparó el primer mate y se los ofreció. Luego, regresó satisfecha a su puesto en el cielo.

Pasaron muchos años y luego de la muerte de sus padres, la hija se convirtió en la deidad cuidadora de la yerba mate, la Caá Yarí, esa hermosa joven que paseaba entre las plantas, susurrándoles y velando su crecimiento. A ella, también confían su alma los trabajadores de los yerbales…